La Fantasía en Kant: Si la Imaginación no es tan sólo una Construcción Esquemática

[Artículo :: Máximo Segura]

 

Introducción

“La Felicidad no brota de la Razón sino de la Imaginación.”
( Immanuel Kant).

La “escuela” del esquematismo no debe resultarnos novedad alguna; su problemática tiene historia en el discurrir del pensamiento occidental, comenzando con Platón, Aristóteles, Avicena, y el medioevo con San Agustín y Santo Tomás; Franz Brentano y el controvertido Descartes. Ahora bien, justamente con Kant se podrá atisbar una ruptura con sus predecesores racionalistas y empiristas. Dado que ellos concebían que entre la sensibilidad y el entendimiento existía propiamente una diferencia de grado, es decir, no había lugar para la consideración de una diferencia de clase. Descartes, Berkeley, Leibniz y Hume instauran una escala de gradación que va desde lo sensible hasta lo inteligible. Con Immanuel existirán dos fuentes radicalmente diferentes del conocimiento. Indefectiblemente la intuición intelectual será suprimida por el pensamiento del criticismo. Y gran parte de este desafío consistirá en desplegar, cotejar y buscar esa dinámica que nos permita desembarcar en una audaz conclusión que gire en torno a la hipótesis planteada. Ella será presentada al modo de una cuestión, con peculiaridades dada la temática a desarrollar, y el autor, con quien intentaremos ir más allá de él, no en vano esto era afirmado por Windelband.
La imaginación y el esquema; este último es aquel elemento mediador entre el pensamiento puro y la mera sensibilidad. Pues el ardid con el que apela Kant a la solución propuesta, será el talón de Aquiles, del cual nos esgrimiremos sin alejarnos de los aciertos, si pueden ser llamados de ese modo, y de nuestra atrevida y sugestiva presunción.
Otro aspecto que se deberá considerar, es la originalidad de la postura kantiana, en cuanto a la presentación de la temática moral en el terreno metafísico y gnoseológico, es decir, la critica de la razón pura con su tratamiento, y divisando lo gnoseológico, conforman una unidad, para luego ser justificada en la critica de la razón práctica, y de alguna manera entreabriendo una vía para una determinada introyección que auspicia de constitutivo del viso propio de una certeza que gira en torno a la experiencia. Asimismo esta mención acaecida podría jugar el papel de una analogía, que aplicada a nuestra temática, daría lugar a la notación de la imaginación transcendental al establecer las condiciones de posibilidad a priori de la misma imaginación, es decir, del acto constructivo.

Si la Imaginación no es tan sólo una Construcción Esquemática

Parecería que la imaginación no es tan sólo una construcción esquemática, porque:
Así como la condición de la sensibilidad se remite a una cierta pasividad y función de recepción, ella también responde a una estructura previamente organizada para tal fin. Y el entendimiento debe adaptarse a esas condiciones, para ello es necesaria una síntesis, que no dejará de dar como resultado un esquema, mas sí nos indicará que no sólo esa función puede cumplir.
Además debemos tener presente una segunda estructura que denominamos “percepción”, es decir, esa síntesis de aprehensión de las apariencias, y que al actuar de puente entre una primera estructura y la conciencia, se tiende a tildar a esta mediación de esquemática por la misma consistencia de la sensibilidad, aún siendo conscientes de la relevancia del entendimiento, a saber, de la operación activa que éste desarrolla. De este modo cabe decir que: “La síntesis de la aprehensión está, pues, inseparablemente enlazada con la síntesis de la reproducción. Y como aquella constituye el fundamento transcendental de la posibilidad de todos los conocimientos en general (no solamente de los empíricos, sino también de los puro a priori), la síntesis reproductiva de la imaginación se cuenta entre las acciones transcendentales de la mente, y en consideración a ella” . Si efectivamente se habla de un enlace entre una síntesis que es de aprehensión y otra de reproducción, justamente aquí y ahora es apropiado ostentar la coartada del pequeño hombre de Königsberg. Esta prueba nos remite más a un salto de fe, que a un itinerario minucioso y sin fisuras.
Entonces sigue oscilando ese carácter único e inamovible del esquematismo, como aquella característica esencial de la imaginación. No obstante, el juego sigue abierto a otras observaciones; y a partir de ellas se sientan nuevas especulaciones que siguen latente en la idea de percepción, y que permiten pensar en otra teleología para la imaginación. Cuando hablamos de otras observaciones se sigue girando en torno a un doble movimiento de la imaginación, y aún así expresando una unidad que apela a ese fundirse, a esa amalgama espontánea que no puede ser cristalizada en un esquema: “Cuando en “Deducción trascendental de las categorías” (A) Kant distingue entre imaginación productiva y reproductiva, atribuye a la primera asociada, con la síntesis de aprehensión de las apariencias, el rol de conferir a lo percibido la forma de imagen y a la segunda, la reproductiva, la de reproducir las imágenes que ya han sido aprehendidas, para que se puedan fundir finalmente en una única como resultado de esa síntesis en la que consiste la percepción” . Ahora bien, resulta dificultoso poder salir del formato esquemático, y esto significa de alguna manera que Kant, de antemano se había propuesto seguir semejante lógica dentro de su sistema. Sin embargo, oponemos resistencia a trascender al esquema como la única consecuencia. Por ello se hace menesterosa la idea de una construcción esquemática como señera peculiaridad de la imaginación.
Contra todo lo precedentemente expuesto, debemos por consiguiente decir que la imaginación es una construcción definitivamente esquemática. Ya que en ella podemos apreciar la siguiente génesis, es decir, aquella que nos manifiesta que su facultad determina a priori las intuiciones sensibles, como también reconocer en ella la construcción en la experiencia que condiciona y hace posible la significación de los conceptos puros del entendimiento. Independientemente de las características antes mencionadas, nos apremia a proferir lo siguiente: “En efecto, cada vez que un objeto es dado por la sensibilidad, se pone en ejercicio la imaginación que compone lo múltiple y diverso, activando a su vez el entendimiento, quien dota a esa composición de la unidad de los conceptos” .

A la sazón respondemos que la imaginación no es tan sólo una construcción esquemática, esto se debe a la incipiente analéptica que nos motiva a corroer al denominado esquematismo. Y consiguientemente debemos sospechar de ese artificio kantiano, que en su momento examinador, terminó representando un obstáculo, dada la consecución de su metodología de trabajo criticista, y de la lógica misma de su “Yo pienso”: “El yo pienso debe poder acompañar a todas mis representaciones; pues de otro modo, sería representado en mí algo que no podría ser pensado, lo que viene a significar, o bien que la representación sería imposible, o que, al menos, no sería nada para mí” . Ahora bien, aquí no concluye nuestra iniciativa, es fundamental ante todo rescatar, no obstante, la exhaustiva labor de este autor, y reconocer que la llamada subsunción esquemática representa un problema, y ese embarazo se resume al de la posibilidad, y para ser más exactos, a su explicación. Y allí también corremos en ventaja para afirmar que la imaginación transcendental al presentarse como la raíz común, lo hace al modo formal-temporal de las dos fuentes de la razón teorética, la sensación y el entendimiento. Por ende es inexcusable no señalar la capacidad y el poder de la imaginación al crear, y no sólo al mero edificar. Así como el lenguaje crea a partir de la metáfora y la analogía, ¿la imaginación debería ser tan sólo una construcción esquemática?

Máximo Segura, estudiante de la carrera de Filosofía de la Universidad Católica Argentina