Poesía: ¿Para qué sirve?

Ensayo Breve:: Guillermo Portela

“El día que se conozca a usted mismo perfectamente,
acuérdese de lo que le digo: en ningún libro va
a encontrar nada que lo sorprenda.”
Roberto Arlt “Aguafuertes Porteñas” 1930

Sabemos que en la antigüedad, la palabra cantada, pronunciada por un poeta dotado con un don de videncia, era una palabra eficaz; instituyente por virtud propia de un mundo simbólico-religioso que era lo real mismo. La poesía tuvo un carácter ritual y comunitario, en especial en pueblos como los sumerios, los asirio-babilónicos y los judíos.

Por nuestros días, promediada ya la segunda década del siglo XXI, tendríamos que hurgar afanosamente por encontrar ese espacio en que los hombres pudiéramos aunar  nuestros mundos espirituales y aparenciales, es decir, neuménicos y fenoménicos hablando en términos kantianos. Tal vez, el arte sea el cordón umbilical entre esos mundos.  Pero… ¿de qué mundo estamos hablando “hoy”?

El espíritu de nuestra época, si bien no podemos decir que se desayuna,  aún está deglutiendo lo inaprensible que le resulta la post-modernidad y estaría así atravesado por todos aquellos avances y logros disponibles en la actualidad: teléfonos hipnotizantes, juegos de realidad virtual y redes sociales, armas letales que se disparan solas o, simplemente, el siempre presente sueño de otro supermundo posible y que no termina de concretarse. Así, en lo que a poesía respecta, lo cotidiano no es ni la voluptuosidad del Amor cortés de hace nueve siglos, ni el extraviado desencanto de los siglos XIX y XX con sus vanguardias. Lejos de emular algún eslogan publicitario, nosotros somos el “hoy” y cualquier intento contrario por negarlo limitaría a nuestra poesía a un mero elemento decorativo, que está bien, es cierto que el bípedo más terrenal podría abogar con que lo estético no es poca cosa y, que, el arte por el arte mismo es valedero también, pero oigamos al poeta cubano Pablo Milanés si no tiene razón cuando dice: “Pobre del cantor que nunca sepa que fuimos la semilla y hoy somos esta vida.”

Por otro lado, tampoco faltaría a la verdad el que diga que podríamos cantar al amor inalcanzable o a la vorágine de perpetua desintegración y renovación, de lucha y contradicción, de ambigüedad y angustia pero, quizás como marca Mercedes Roffé tendríamos que cuestionarnos: “¿Funcionaría el poder de la poesía como elemento desalienador del ser humano, en una época en que éste se encuentra preso de un creciente número de medios y circunstancias que no buscan más que su enajenación?”[1] (2009). En la misma línea que la poetisa argentina, nosotros deberíamos preguntarnos: ¿Acaso, por ejemplo, si nos lo proponemos, hoy podríamos escribir tragedia griega? Sí, seguramente lograríamos algún pastiche mimético de moderada elegancia pero, más temprano que tarde, sentiríamos esa sequedad de garganta que deja el vacio, esa telaraña arcaica que nos recuerda lo que ya no somos… ¡Si ni siquiera somos griegos! Y, para ser sinceros, la tragedia está tan en boga que se ha convertido en un cliché.

Adherimos, por el contrario, a la conclusión que aporta  la misma Mercedes Roffé:

“que no transitaremos lúcidamente estos principios del siglo XXI sin estar persuadidos de que no hay sentimiento ni reacción emocional alguna en los que no confluya y en los que no se encuentre comprometida la compleja totalidad del ser humano.”(2009).

 Allí estamos parados nosotros, desde la incertidumbre más pequeña que se nos presenta, cuando escogemos una camisa en la mañana, hasta nuestras mayores certezas: la panza que crece bajo esa camisa, nuestro trabajo, nuestro club de fútbol con la cerveza del domingo por la tarde y el momento histórico que nos toca vivir.

Allí, en este escenario, estamos parados los que pretendemos hacer poesía. No somos ni la partida ni el final de nada. Quizás solo debamos conformarnos con ser un eslabón, uno de tantos, totalmente prescindible y decididamente olvidable, pero eso sí, no podemos resignar la imperiosa necesidad de representar el espíritu de nuestra época.

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[1] Roffé, Mercedes (2009). “Sentido de la poesía” en Festival Internacional de Poesía de Medellín: Corporación de Arte y Poesía Prometeo.