El gusano del pensamiento

    Dedicado a mi profesora de guión: Julia Morando

 

-Entonces eso, fue Giordano Bruno, el hombre que escrudiñaba las estrellas, el que dedujo antes que Galileo los movimientos de la Tierra, el sabio que desafió al clero, ya sabéis, de él te hablo. Y era bebedor y elocuente, como tú Julio,  aunque claro, tú detenéis tus opiniones cuando de riesgo se trata y él no  se callaba nada. Incluso mientras su cuerpo se quemaba en la hoguera, os lo aseguro, ha seguido argumentando hasta su último aliento. Pero antes, Julio, unos dos años antes, fue que Bruno me encontró.  Yo era sólo un embrión, ya sabes, una idea sin terminar, un escrito inconcluso guardado por los benedictinos. Fue él quien terminó de formarme  tal cual soy, un instrumento preciso, un taladro que escrudiña  cerebros. Sí, lo considero mi creador. ¡Ah!, perdón. Me presento ante ti, soy: “el gusano del pensamiento”. Y fíjate tú, Julio, que estando ahora en tu cerebro veo que eres uno de los que denostáis  los mil años de la Edad Media. La acusáis de oscura y retrógrada. Es cierto, no había  libertad de pensamiento ni de religión, pero… ¿acaso crees Julio, que en ese entonces no se pensaba, o que los miles de gentiles, no alumbraban sus candelabros o desenrollaban sus pequeñas alfombras de oración? Y en todo caso, Julio ¿acaso supones que tu generación es más libre que la que fue de Bruno?  No son sólo las sociedades las que engendran el miedo a ser libres, también lo es la comodidad y la maldita obediencia. “¿Cuántos ángeles caben en la cabeza de un alfiler?” Sé que te has mofado de esta pregunta y te has imaginado a los monjes alrededor de una pesada mesa de madera, gastando su tiempo en inútiles discusiones teológicas. Sin embargo, Julio, lo que la frase indaga es: ¿cuán pequeño puede ser lo pequeño?, allí no hay una cuestión metafísica, sino física, fíjate lo bruto que sois, hablábamos entonces de la estructura atómica, mil años antes que vosotros la conocierais. Sucede que en ese entonces las preguntas debían hacerse  en la sutileza de las alegorías, tu sabes, por esto de los inquisidores. Pero en fin, te estoy aburriendo, y esto no lo digo por decir, no te olvides que estoy dentro de tu cerebro. Iré al grano entonces. Cuando Giordano Bruno quiso estudiar los procesos del pensamiento  encontró que todos ustedes erais extremadamente predecibles. Sin embargo, del mismo modo en que hay estrellas cuyo brillo no podemos ver, pues hay pensamientos que la conducta no expresa, algo oscuro y tan poderoso que no se permite salir, y ahí, en esa maza fangosa, vio el maestro la mismísima  sustancia de la conducta humana. Despreció entonces lo manifiesto,  tú sabes, eso que repetís todos los días y decidió  penetrar en la cara oculta de la mente. ¿Pero cómo lograrlo? Pues la respuesta soy yo, “el gusano del pensamiento”. Si quieres llámame Gus. Y trátame de tú o de vos, como hacéis los porteños.  Lo de gusano se que suena despectivo, no creáis que desconozco a los de tu generación, post pop, post hippie, post moderna, post deconstructivista. Todo post, ¿pero quienes sois?, porque parece que lo único que sabéis es todo lo que no queréis ser, y de tanto no querer ser, ¡finalmente no sois nada!… ¡Disculpa! tengo la pasión de mi creador, no ha sido mi intención ofenderte. Pues sí, te oigo y me disculpo. Pero Julio, os lo digo con amor, basta de buscar la idea original, ni sabéis, de que estáis hablando. Y tú además tienes tamaña confusión, hombre, decídete de una buena vez, que  desde que estoy en tu cerebro vivo nervioso. Y no te juzgo, porque yo no lo hago, ¡pero Julio, aclárate un poco las ideas que así no llegareis a ningún sitio! Bueno, cálmate,  ya prosigo;  el Maestro al darse cuenta de que esta región de la mente era inaccesible al intelecto, me creó cono una herramienta de búsqueda…claro como un microscopio, sí, también como una suerte de catéter. Pero hombre por favor, déjame hablar…exactamente, soy real e irreal al mismo tiempo, bueno, sí, como toda construcción del pensamiento, ¡Ah! ya lo sabéis…sí esto…tal cual como lo afirma Lévi-Strauss: ”el pensamiento puede generar transformaciones moleculares”. Claro, no lo podría hacer cualquiera, pero imagínate el poder de la mente de Giordano Bruno, jamás en toda la historia de la humanidad ha habido alguien con tal inteligencia. ¿Einstein? ¿Pero qué dices Julio?, o mejor dicho ¿qué piensas? Yo he observado su capacidad, y es cierto, no está nada mal. El hombre ha tenido lo suyo. Pero no se le acerca ni ahí a Giordano. Pues como sea… ¡Os dais cuenta!, tú cuestionas todo, ni siquiera respetáis mi edad, pues déjame hablar ¡coños! Como os decía, su mente era vigorosa y su pasión quemaba, y yo, modestamente, he sido creado a su imagen y semejanza. Su poderosa voluntad me ha engendrado con un fin: el de escarbar cerebros. Los chamanes y los magos han usado este saber que produce cambios físicos tan solo actuando con la mente. Sí Julio, y el hombre común también lo hace, sí, “la profecía autocumplida”, sí, las “enfermedades psicosomáticas”, sí “las autoinmunes”. ¡Pero basta ya de interrumpir, que esto es no es un debate! ¡No me obliguéis a faltaros el respeto!, además, si vas a hacerlo, pon al menos un ejemplo positivo, que eres un melancólico, un depresivo ¡Porqué ya no te callas! Prosigo: mi primera experiencia fue en la cabeza de un abad. Lo estoy viendo, Bruno se ha concentrado y mira un punto fijo en el firmamento, una estrella, era Ankaa  la más brillante de la Constelación del Fénix. Luego, imagínate un embrión, cuyas curvas y pliegues van lentamente definiendo una forma, y ahora Julio, imagínate a ese embrión en estado consiente, asombrado presenciando su propio nacimiento. Pues así nací, De la nada y del todo, como la poderosa extensión de una extrema lucidez. ¿Te estremeces?, pues imagínate lo que he sentido yo en ese momento, no he podido hacer  como tú un proceso de adaptación a la vida, yo soy la repentina vida con forma de gusano. En fin, os decía, pues parece que de tanto estar en tu cabeza ya no puedo ser concreto, que comencé escarbando en el cerebro de un abad, un hombre de apariencias simples. Analicé sus emociones y sus pensamientos, hurgué y removí sus costras buscando el origen de los razonamientos. Luego memoricé los datos y me marché. ¿Preguntas cómo lo hice? Pues simple hombre,  me retiré desmaterializándome y regresé al cerebro de Bruno, donde bajé la información a su mente como tú lo hacéis al disco duro. Sí, regresé a casa como lo hace tu mascota. ¡Pero no me interrumpáis Julio!, que me pierdo. Quería contaros,  que ese hombre, el abad,  guardaba en lo insondable  de su conducta simplona, tal complejidad de reflexiones y certezas, que me turbaron. Es que, Julio, tú lo sabes, los más elocuentes no son necesariamente los más profundos. A veces la sencillez  del carácter, no es, paradójicamente, consecuencia de la simpleza, sino de la lucidez. Como sea, Bruno  guiado por su intuición me envió a  que hurgase  en la mente de decenas de individuos, todos hombres y mujeres que mi maestro seleccionaba cuidadosamente. Bruno fue sumando información, y sus razonamientos se volvieron exquisitos y jamás, nunca jamás usó esto en la intención del mal. ¡Ah! ¡He logrado captar tu atención! Te preguntas como podrías hacerlo tú, que  me tienes ahora en tu cabeza. Fácil, primero piensas en mí, me imaginas, me construyes, y luego piensas en la persona a la que deseas que yo indague, y así, eso es todo. Pero no lo intentes Julio, yo lo evitaría no estoy dentro de tu cerebro para que me utilices, ya llegará el momento de explicarlo.  Os lo digo con orgullo, jamás se percataron de mi presencia, tan solo sentían un leve malestar que no llegaba a ser migraña, yo hacía mi labor de investigador, y luego me iba sin que nadie  sospechase de mi presencia, así que no creáis que hablé con todos, que sólo lo he hecho contigo. Como os decía, decenas de veces fui enviado a investigar, hasta que como sabéis  Monciego quien fuese su protector, lo denuncia por hereje ante  la Inquisición. Luego la tortura y el oprobio durante los ocho años de su encierro. Pero esto, Julio, lo comprendí mucho tiempo después. En ese entonces, yo sólo iba y venía de la gente sin darme cuenta de lo que ocurría, hasta que poco antes de morir Bruno, se despide de mí y me transfiere al cerebro de un soldado de la guardia suiza dándome la instrucción de no regresar a él nunca más. ¿Entendéis Julio? me protegió de la muerte.  A partir de ese momento he peregrinado casi quinientos años. Durante todo ese tiempo he vagado sin rumbo y rara vez me he topado con un cerebro interesante, es que te aseguro Julio, no abundan. Y no es que no he querido ponerme a disposición de un investigador bien intencionado, ¿pero de quién?, si siempre han tratado de hacer el mal. Y tu generación, hombre, que digo, de la tuya para abajo, basura, solo basura. ¿Pero sois conscientes de lo que hacéis?, porque aquí dentro, entre la viscosidades de tu hipotálamo, no veo ningún indicio de que os replantéis a lo que habéis llegado.  LCD, Plasma, A4, A3, apss, nanorelato, Google, toda basura, no tenéis un cuestionamiento, un pensamiento original. Vivís rodeados de objetos, todo es consumo ¡Acumuláis basura! ¡Te dais cuenta la pobre vida de mierda que lleváis! Entonces, ¿cómo han osado discutirnos a nosotros? ¿Acaso sabéis los cojones que se debía tener para cuestionar en mi época? ¡No tenéis idea! Pero Julio, otra vez me he excedido, os pido nuevamente perdón. ¿Me perdonas? ¿Te has quedado mudo o es que hay en ti alguna parte en la que aún no he podido escarbar? ¡Mil perdones, hombre, no te pongas así! Debo confesarte antes de finalizar mi alocución, que durante este tiempo de peregrinación ha sucedido algo maravilloso: he adquirido la facultad de provocar acontecimientos. Sí, he aprendido como actuar dentro del cerebro para inducir a la persona a realizar lo que yo quiera. Te imaginas el poder del que dispongo. Pues Bruno, tenía razón, nunca ha  habido un Dios, ni nada, todo mitología, solo ejercicios de la química y la casualidad, Pero ahora, esto ha cambiado. No discutiré contigo si soy producto de la evolución o de la casualidad, porque estaríamos, que digo, estaríais horas divagando y mañana no te acordaríais de nada, como siempre. Pues yo te lo resumo, no hay nada. Sólo la lucidez del hombre para enfrentar la tragedia de la vida. ¡Pero hombre, te dais cuenta que ahora esto ha cambiado! Dios ha nacido y tiene forma de gusano. Yo tengo  el poder del cambio, el de torcer voluntades, el de entrecruzar las vidas a mi capricho con la fuerza de lo que vos llamáis piadosamente “destino”. Pues nada, no hay nada, o mejor dicho, no había nada hasta ahora en que ha nacido Dios, y aquí Julio, llego al punto que explica mi presencia en tu cabeza. Hace uno días, dando vueltas y vueltas buscando e indagando, he llegado al cerebro de una mujer a la que tú conoces. Bueno, pues ahí dentro me he topado con un cuento tuyo, donde un personaje, una tal Eloísa ha aprendido a viajar al pasado centrifugándose en un gran lavarropas. ¿Y sabéis que?, esta lectora se lo ha creído al punto de ponerse a fabricarlo. Y tiene razón, ¡hombre de poca fe!, deberías haber sido tú quien lo construyera, pero lo dicho, ¡no tenéis cojones! Otra vez debo pedirte disculpas, Julio, trata de entenderme han sido demasiados años y demasiados cerebros, disculpadme, después de todo tu has sido el ideólogo, lo reconozco. Te preguntarás para que te necesito, bien, requiero para esto de toda tu atención. El poder que he adquirido no lo estoy dispuesto a ejercer. Mira Julio, he nacido del genio de un hombre bueno, y aún ahora que soy Dios, no puedo obrar de otro modo del que me han enseñado. ¡Que seré impertinente y testarudo como él y tengo también fuego en el alma! Pero…no podría jamás obligarte a hacer algo en contra de tu voluntad, nadie debería de hacerlo y menos Dios. Sólo puedo pedirte entonces que me comprendas y me ayudes. Tengo un solo deseo, si es que un gusanito puede tenerlo, uno inmenso y que a pesar de ser tan grande, no me permite violar la esencia en la que he sido educado. Es por eso que debo pedírtelo Julio, quiero volver a ver a mi creador, quiero regresar a la celda  del Palacio del Santo Oficio y salvarle la vida. ¿O es que la tragedia humana también me ha abarcado entregándome este poder a destiempo, cuando ya no me serviría de nada? Julio, os necesito. Yo, esta suerte de  Dios, os pido un favor, y es que a pesar de todos mis conocimientos, no sé como volver el tiempo atrás. Julio, necesito poder regresar al Vaticano para reparar lo que hice. Pues si yo hubiese sabido que lo matarían, si tan solo me hubiese sentido más seguro, más fuerte, entonces hubiese actuado. Pero necesité de quinientos años  para entenderlo, y solo quiero eso, Julio, poder volver y salvar a mi papá. ¡Coños Julio! ¡Ayúdame, por favor, que quiero volver y pedirle que me perdone! ¡Háblame Julio, por lo que más quieras, háblame! ¿O  es que no ves que renuncio a mí poder y me entrego a tu voluntad?

-Gusano, escucháme, me estás haciendo llorar.

-Julio, no es necesario que habléis, parecéis loco, no ves que no hay nadie, solo piensa y yo te he de  responder.

-Mirá gusano, ahora es mi turno, yo te hablo y vos me contestás en mi cabeza, ¿está claro?

-Lo dicho hombre eres muy complejo, pero está bien me someteré a la naturaleza básica de tu espíritu.

-Quisiera preguntarte algo gusano, algo que me intriga desde que comenzaste a hablar. ¿Por qué lo hacés en ese español afectado que parece el doblaje de una película, si Giordano Bruno era italiano?

-¡Que pregunta Julio!, es que ahora estoy hablando contigo y no con Giordano, y es el español castizo que se hablaba en aquella época y al que no quiero renunciar. Tal vez después de tantos años y de tantas cabezas se me mezcle un poco… ¡Pero no me vengáis con lo de las letras vivas y todas esas sandeces!

-Está bien gusano, ¿que necesitás de mí?

-El tiempo Julio, el tiempo de centrifugado para regresar al 17 de Febrero del año 1600. He de poder usar ese lavarropas Dream automático como nave inter-temporal tal como dices en el cuento ¡Ah!, y también necesito la cantidad exacta de jabón Ala baja espuma para abrir la puerta de la cuarta dimensión. (1)

-Pero Gus, ¿de qué me estás hablando? vos sabés que todo ha sido un juego literario, ¿como puedo yo saber eso?

-No Julio, te equivocas no es un juego literario, es un juego intuitivo, en ocasiones lo que tú piensas, ha de ser, lo que te decía antes, el poder de la mente.

-Está bien, pero hay un problema o mejor dicho un dilema. Si vos no podes obrar haciendo que la gente haga lo que querés. ¿Cómo pensas hacer que la mujer le de al lavado el tiempo correcto?

-Esperaba que tú me lo dijeseis.

-Mmm…muy bien, no sé si vos estás loco o si el loco soy yo hablando con un gusano, pero te voy a ayudar, y lo voy a hacer por algo que dijiste y tenías razón, yo no tengo cojones. Sabés que gusanito, yo también quisiera que el tiempo volviese atrás y volver a ver a mi papá. Pero no tengo tu convicción y si lo viese sería igual que antes, solo silencio.

-¿Entonces?

-Creo que podríamos hacer así; la llamo a la mujer que está construyendo el lavarropas gigante y me ofrezco a ayudarla. Luego me las arreglaría para hacer pruebas hasta encontrar el tiempo adecuado de lavado y la temperatura exacta del agua como para que durante el centrifugado puedas volver a Italia. Te sugiero Gus, que lo hagas unos meses antes de… bueno, de su muerte, te va a ser más fácil arreglar las cosas.

-Julio, estoy tan contento, y perdonadme pues tal vez me haya yo equivocado y tu generación no sea tan…..tan de mier…olvídalo. No tengo forma de agradecerte, pero os prometo que en cuanto salve la vida de Bruno he de  regresar, y si no lo hago desde el pasado, lo haré desde el futuro y sabéis qué Julio, entonces te acompañaré yo a ver a tu padre, viajaremos juntos en el centrifugado y lo resolveremos, no olvides que soy un gusano del pensamiento y eso siempre ayuda.

-Gusano, sos un sentimental, bueno, ahora solo resta que me digas el nombre de la mujer que leyó mi cuento y está fabricando el lavarropas… Ah, es ella no me lo imaginaba, bueno ahora le mando un mail, y mientras tanto solo te pido algo.

-Lo que queráis Julio, estoy en deuda.

-Bueno, entonces hasta mañana ya no me vuelvas a hablar, necesito un poco de descanso.

-¡Hecho!, pero qué, ¿acaso os he molestado? ¿Es porque te he ofendido?, lo dicho, no ha sido mi intención, ¿o acaso…?  Está bien hombre, que ya me callo.

 

 

Julio Mandelbaum

 

 

(1) “Baja espuma” es un cuento de este autor donde se prueba que es factible viajar al pasado en el centrifugado de un lavarropas Dream automático siguiendo el camino de las medias desaparecidas.